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Todo sobre los intereses de demora en préstamos personales

intereses de demora en los préstamos personales

La concesión de un préstamo personal conlleva la obligación de devolver el dinero del préstamo en el plazo acordado por contrato con una entidad financiera. Si no se cumple dicho plazo, al cliente se le pasará a aplicar un interés de demora, que es el tipo de interés expresado en forma de porcentaje que se pacta pagar en caso de que no se cumpla el calendario de pagos de la deuda.

Cada vez más, los clientes no han podido devolver a tiempo su cuota mensual, aplicándose unos intereses de demora desorbitados que han sido objeto de abusos por parte de prestamistas y entidades financieras. La media que venían cobrando las entidades financieras desde el año 2000 era unos ocho puntos porcentuales por encima de la remuneración del crédito.

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Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo de 2015 estableció que los intereses de demora no podían superar en dos puntos al interés pactado en el préstamo personal (por ejemplo, si pactamos un 15% TAE, el interés de demora no superará al 17% de la mensualidad). De otro modo, podría ser considerado un interés de demora abusivo y, por tanto, recurrible judicialmente.

Así, muchos consumidores con dificultades empezaron a denunciar la “abusividad” de estos tipos de interés ante los tribunales. Tal y como recoge la sentencia del Tribunal Supremo, si se declara abusiva la cláusula del interés de demora en los préstamos personales suscritos con los consumidores, hay que suprimir dicha cláusula del contrato y el banco solo podrá cobrar los intereses remuneratorios.

El concepto de abusividad: desequilibrio entre derechos y obligaciones

El interés de demora está diseñado para indemnizar los daños y perjuicios causados por el incumplimiento de los pagos.

Hasta hace poco, los bancos cobraban dicho interés sin que los Juzgados se opusieran a su aplicación ni consideraran abusivos esos tipos tan elevados, pero los tribunales españoles se plantearon la nulidad de dichas cláusulas por abusivas tras las distintas sentencias dictadas por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y la aprobación de una nueva normativa en materia de protección de consumidores y usuarios.

De acuerdo con la jurisprudencia del TJUE y la Directiva comunitaria 1993/13 CEE, que establece el concepto de abusividad y las consecuencias de su apreciación, se considera abusiva la cláusula que causa un desequilibrio importante entre los derechos y obligaciones de las partes del contrato, en detrimento del consumidor.

En consecuencia, el Tribunal Supremo determinó que un interés de demora del 2% es el más idóneo para los préstamos personales suscritos con los consumidores, ya que evita que el interés de demora pueda ser inferior al remuneratorio, indemniza de un modo proporcionado los daños sufridos por el incumplimiento de la obligación y contiene un factor disuasorio. “Un recargo superior a esos dos puntos porcentuales supondría un alejamiento injustificado”, como dictamina la sentencia del Tribunal Supremo, de la mayoría de los porcentajes de interés de demora que recogen las disposiciones legales españolas que regulan los tipos de interés moratorios, como el Código Civil, la Ley de Contratos de Crédito al Consumo, la Ley Hipotecaria o la Ley de Enjuiciamiento Civil.  

¿Cuándo se determina el interés de demora y cuándo reclamarlo?

Habitualmente, el momento en el que empieza el interés por demora se establece por contrato, aunque si no existe un contrato, como puede ocurrir en los servicios que prestan profesionales autónomos, el interés de demora empieza a calcularse en el momento en el que el acreedor presenta su reclamación judicialmente.

En el caso de los préstamos personales, la cláusula correspondiente a los intereses de demora debe estar claramente explicada para que el beneficiario la comprenda en su totalidad, ya que en el momento de firmar el contrato se aceptan todas las condiciones, incluyendo el tanto por ciento que se pagará en el caso de impago o retraso en las cuotas.

Cuando un prestatario se retrase en el pago de una cuota de un préstamo personal, en cuanto se produzca el impago, el banco exigirá una comisión por reclamación de posiciones deudoras, a lo que se sumará el interés de demora calculado en función del número de días de retraso en el pago.

Una vez que el pago se normalice y se pueda devolver la cuota impagada, en caso de que el interés de demora aplicado supere en dos puntos el interés del préstamo, se podrá exigir a la entidad financiera que modifique la liquidación, suprimiendo los intereses de demora por nulidad de la cláusula. Para ello, el prestatario debe presentar el modelo de reclamación de intereses de demora.

En primer lugar, se reclamará ante el Defensor del Cliente de la entidad. Si la respuesta es desfavorable, se acudirá al Departamento de Conducta de Mercado y Reclamaciones del Banco de España y, como última opción, estará el recurso ante los tribunales.

Además, cuando se solicita un préstamo personal y por cualquier razón no se puede pagar en el plazo acordado, la mayoría de las entidades financieras cuentan con una cláusula de prórroga. Eso sí, la prórroga debe pedirse antes de que termine el plazo establecido.